Bratislava: Día 1

Durante la planificación inicial de mi viaje, Bratislava fue la única ciudad que me planteó serias dudas sobre si merecía la pena visitar. Encontrándose tan cerca, era una pena no pasar a conocerla aunque fuera únicamente una visita de ida y vuelta desde Viena en el mismo día, que es lo que hacía la mayoría de la gente, aunque fuera sólo para poder decir “he estado en Bratislava… No es una ciudad muy grande, y su casco histórico reducido hacen posible la visita en ese tiempo. Aún así, al final me decidí por ir con cierta tranquilidad y pasar dos noches allí, y creo que fue todo un acierto…

Bratislava es una ciudad especial, y el viaje en tren desde Viena ya te va haciendo el cuerpo sobre lo que te vas a encontrar al llegar. Elegí el tren por salir de precio parecido al bus y variar de medio de transporte. No es un trayecto largo pero tiene muchas paradas, por lo que no es especialmente rápido. El paisaje campestre durante el trayecto, unido al anticuado tren de la operadora eslovaca y a las viejas estaciones (de la parte eslovaca) por las que se pasa te van introduciendo en la atmósfera del país.

Esta vez, el hostel seleccionado está bastante céntrico, a menos de 5 minutos andando del centro histórico. Lo que no queda tan céntrico es la estación de tren, por lo que toca andar unos 15-20 minutos (por lo menos es cuesta abajo). Para el que no quiera andar hay línea de bus hacia el centro, por supuesto.

Lo primero que me llama la atención de Bratislava nada más salir de la estación son dos cosas: por un lado, el idioma, presente en la cartelería de calles, publicidad, etc, y por otro lado la sensación general de desfase o atraso respecto a España (que no he tenido en las otras ciudades por las que he pasado anteriormente), que se percibe por la antigüedad del mobiliario urbano, semáforos, máquinas expendedoras, edificios grises, …  Es como una bofetada de bienvenida al “reducto comunista”

Como siempre, pillo un mapa de la ciudad en la estación y me dirijo al hostel. Conforme voy andando acercándome al centro esa sensación de “país extraño” va desapareciendo, no sé si porque se va modernizando y los edificios van siendo más históricos y menos grises o porque me voy acostumbrado a él.

Sin mucha pérdida llego al hostel, el Patio Hostel, y realizo la entrada. Habitación de 6 camas, aunque la mayoría del tiempo sólo coincido con una simpática pareja italiana. Dispone de lavandería (que me va a tocar ya utilizar, previa compra del detergente correspondiente). La habitación, unos 12 euros/noche.

Compañeros algo desordenados...

Compañeros algo desordenados…

Me acoplo rápidamente y salgo a conocer la ciudad, previo almuerzo, que ya es la hora. Llegando al hostel vi una especie de hamburguesería/bocadillería para llevar que tenía buena pinta (o más bien, que la comida olía bien) y allá que voy.  Super bocata de una carne de pollo en salsa y lata de refresco 2,5 €, que me como sentado en una plaza… Esta ciudad es un chollo!! Por eso me extraña que el hostel, sin ser caro, no me haya salido tan barato como en Budapest

Está claro que con el estómago lleno se visitan mejor las ciudades, así que ya estoy preparado para ver qué tiene Bratislava que ofrecerme. Lo más típico de la ciudad (y que se ve desde cualquier punto al estar en alto) es su castillo, pero como no tengo prisa y para subir a él hay que andar algo más creo que lo dejaré para mañana. Así que me dirijo al casco antiguo.

El casco antiguo de Bratislava se conoce como Ciudad Vieja y en realidad son cuatro calles y un par de plazas peatonales que se ven en un rato. Destacan la plaza del ayuntamiento (Hlavné námestie), la Puerta (o Torre) de Miguel (Michalská Brána), donde en su base se encuentra una curiosa inscripción con la distancia a principales capitales mundiales, y la Catedral de San Martín. También hay alguna curiosa estatua turística que da pié a simpáticas fotos…

Torre de San Miguel

Torre de San Miguel

Calle de la Ciudad Vieja, con el Castillo al fondo

Calle de la Ciudad Vieja, con el Castillo al fondo

Brújula bajo la torre de San Miguel

Brújula bajo la torre de San Miguel

Sin intención de visitar museos o palacios de ningún tipo y sólo dedicándome a pasear, la Ciudad Vieja se ve en un rato, por lo que me relajo en una terraza con una Pilsner Urquell antes de volver al hostel para prepararme para la noche.

Mexicano comunista intentando suicidarse, harto de la vida

Mexicano comunista harto de la vida intentando suicidarse

No percibí trata de blancas con mujeres del este...

No percibí trata de blancas con mujeres del este…

Una de las muchas estatuas de la Ciudad Vieja

Una de las muchas estatuas de la Ciudad Vieja

En otro mapa que cogí en el hostel, más reducido y centrado en la zona vieja, aparece recomendado un bar rockero, Rock OK, así que me dirijo allí con la intención de tomarme un par de cervezas y con suerte ver algo de música en directo… Pero aparte de la aventura de encontrar el bar (está a pié de calle pero como en un -1, bajando unas escaleras, y fuera del casco viejo) y de unas guitarras colgadas de la pared, poco más. Así que después de las cervezas de rigor, un paseo por la Ciudad Vieja para verla de noche y de vuelta al hostel a dormir, que mañana será otro día.

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